Escrito por ylenia el Jueves, 18 de Febrero del 2010 a las 19:54
Estamos sentados en una de las gradas dispuestas exclusivamente para la ocasión: Campeonato de Europa a la Banda, Wijchen (Holanda). Los espectadores y aficionados holandeses reciben y saludan a los jugadores turistas con una amabilidad contagiosa a la que estamos menos acostumbrados en España. Los jugadores de élite, los mismos que desde las gradas parecen dioses, se reencuentran con los jugadores españoles de una forma tan amigable y agradable que a cualquiera haría sentir como en casa. La afición que nos acompaña en las gradas muestra muchos detalles de respeto hacia los jugadores; cuidan no levantar la voz, gesticulan poco y vigilan el sonido de los zapatos al andar. Es una atmósfera de silencio y seriedad que contagia a toda la sala.
Los países centroeuropeos como por ejemplo Holanda, se diferencian de España por concebir el billar de un modo más estricto y recto. Bien porque gocemos de un clima más caluroso, o bien porque tengamos algo de latinos, en España estamos habituados a unos jugadores que desarrollan un billar más desenfadado y jovial. El protocolo en los campeonatos españoles es menos estricto que en Holanda y la relación del jugador con el material es más próxima. Cuando jugadores españoles van a competir a Europa, coinciden en afirmar que los billaristas en Europa juegan al billar transmitiendo menos, con mayor frialdad; no son tan fogosos, ni tan temperamentales, se mantienen fríos y prudentes. Ni mejores ni peores, simplemente diferentes, y en consecuencia, afortunadamente comparables.
De la mano de la seriedad y la rectitud en el juego está la amabilidad. Los jugadores son muy cordiales con sus rivales, a quienes saludan con aprecio durante todo el campeonato. La afición aplica el mismo protocolo del billar a su comportamiento en las gradas. Se muestran muy respetuosos y transmiten una gran valoración y admiración por este deporte.
Los jugadores experimentan nuevas sensaciones
Durante los días de competición internacional, nuestros billaristas experimentan sensaciones distintas e intensas en las partidas cuando compiten junto a los mejores jugadores del mundo. ¿Y por qué? Porque se sienten capaces de superar a los grandes, de superarse a ellos mismos y de poder llegar a ser un campeón entre campeones. Estas sensaciones (que solo pueden definirlas ellos) son únicas de las competiciones internacionales y no las ofrecen las competiciones nacionales, entre otras cosas, porque lo que está en juego en Europa es una medalla internacional.
Paralelamente, los jugadores gozan la sensación de ser más reconocidos al ver sus nombres junto a los nombres de campeones que ya coleccionan medallas en su palmarés. Se sienten igualmente muy respetados y son capaces de reconocer cierta admiración en la afición.
Una actitud de juego diferente
A grandes rasgos, y según comentan algunos de nuestros jugadores, la actitud de juego de la mayoría de los grandes profesionales en el extranjero parece diferente: menos anárquica, menos pasional. Dado que las personalidades de los jugadores vienen marcadas, en gran parte, por su nacionalidad, el juego de los extranjeros responde a un juego “más frío” y más robótico” (especialmente los jugadores centroeuropeos), propio de su temperamento más serio y tranquilo. Evidentemente, siempre hay excepciones y este carácter no constituye una marca general para todos los jugadores.
Para los deportistas españoles es muy importante la competición en el extranjero porque les sirve para prestar especial atención a éstas diferentes actitudes de juego de los grandes. Para ellos es muy enriquecedor observar sus movimientos, su control del juego, sus hábitos alimenticios, cómo controlan los nervios… Les sirve para tomar nota de las cosas que podrían mejorar o para introducir otras nuevas.
Atenas: un caso diferente
Atenas, Campeonato de Europa de la modalidad del Cuadro 47/2. El local que alberga la competición es un bar con billares de pool en la parte de abajo y billares de carambola en la sección de arriba. Allí, en la parte alta, los espectadores tienen servicio de bar y mesas donde beber y comer mientras disfrutan del campeonato. El protocolo de comportamiento no es tan estricto como en Holanda. Ya no hablamos de gradas silenciosas ocupadas por espectadores pacíficos y tranquilos. Aquí, la sala es un lugar con más alboroto, puesto que el juego del billar comparte espacio con una barra de bar. Es habitual que los camareros se paseen de un lado para otro sirviendo las bebidas al público y que éstos se permitan hablar en tonos de voz más elevados.
Un ejercicio de adaptación para los jugadores
Parece increíble cómo los mejores jugadores de nuestro deporte son capaces de adaptarse a un ambiente de juego tan diferente al que estamos acostumbrados en España y Centroeuropa. Atenas es un ejemplo de ello. Allí, la tarea de concentrarse se multiplica por dos, dado que la afición no aguarda un silencio tan estricto. Es usual en una ciudad como Atenas, que los espectadores comenten entre ellos las jugadas, hablen por el móvil e incluso recurran a una estridencia para aplaudir un punto. Al jugador no le queda más opción que aplicar técnicas propias de concentración para no perder la atención de su juego.
…Y en las últimas líneas de este reportaje una llamada me informa de una gran alegría para el billar español y su representación europea: Antonio Montes, de 16 años, se ha proclamado Campeón de Europa Cadetes en Rants, Bélgica. Su compañero Gerard Jiménez ha quedado séptimo. Era para ambos su primera competición en Europa. Enhorabuena a los dos.
Ylenia Lasarte
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